miércoles, 23 de agosto de 2017

SAN ANTONIO OFRECERÁ NOCHE CULTURAL “ASÍ ES MI PERÚ”, POR EL “DÍA NACIONAL DEL FOLKLORE”

Una Noche Cultural denominada “Así es mi Perú” ha organizado para el próximo viernes 25 de agosto el Colegio Hogar San Antonio de Piura, con motivo de celebrarse el “Día Nacional del Folklore” y con el firme objetivo de fomentar el arte en sus diversas manifestaciones.
Así lo dio a conocer el director de dicho plantel, Fr. Fermín Peña López OFM, durante una conferencia de prensa ofrecida esta mañana en el auditorio de dicha institución educativa.
El religioso manifestó que con esta iniciativa, su colegio, perteneciente a la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú, busca revalorizar, proteger e incentivar el amor por la tradición de la cultura nacional y regional, especialmente en nuestra juventud frente a tanta amenaza existente.
De igual modo, indicó, es su propósito aportar al desarrollo de la creatividad y la capacidad de expresar ideas y sentimientos de una manera más efectiva y concreta por parte de los estudiantes, a través de  la música y las danzas, entre otras.
La importante actividad se realizará el próximo viernes 25, a partir de las 6 de la tarde en el patio techado de la indicada institución educativa. Se contará con artistas invitados de Raymi Danzas, Ballet Folklórico Pepe Fernández, la peña criolla de la Universidad César Vallejo, grupo folklórico Arenas de la UNP y elenco artístico del colegio San Antonio.   
El directivo hizo una cordial invitación a la comunidad piurana para asistir y disfrutar de una verdadera noche de peruanidad, con sabor, picardía y mucho color.

MARCHA POR LA PAZ
Adelantó que también han programado más adelante la Marcha por la Paz, y al mismo tiempo llega un ícono de San Francisco y Santa Clara, unido a la Encíclica del Papa, Laudato Sí, que es el cuidado de la tierra, de nuestro planeta. Resaltó el honor de tener en Piura el icóno, que está recorriendo Norte, Centro y Sudamérica.
“En Sudamérica ya pasó por todos los países, vino de Bolivia y está en el Perú donde recorre Lima, Cusco, Arequipa y terminará en Ecuador. A Piura llegará el martes 29 de este mes, el 30 se tendrá una Marcha por la ciudad, “que no sólo es un evento religioso, sino es el cuidado propio de la ciudad donde estamos con nuestros alumnos reclamando a las autoridades para que hagan más por Piura, porque parece una ciudad muy abandonada, con mucha basura, falta de agua”


Mientras que el jueves 31 a las 6.30 p.m. se tendrá una conferencia en el plantel con un obispo de Chulucanas, que tratará sobre el cuidado de la naturaleza y la justicia social.   

martes, 4 de julio de 2017

Presencia del Espíritu Santo en la obra de Jesucristo


Según el Catecismo de la Iglesia Católica, el Espíritu Santo es la "Tercera Persona de la Santísima Trinidad". Es decir, habiendo un sólo Dios, existen en Él tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta verdad ha sido revelada por Jesús en su Evangelio.

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación, cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. El Señor Jesús nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal.

El Espíritu Santo, el don de Dios
"Dios es Amor" (Jn 4,8-16) y el Amor que es el primer don, contiene todos los demás. Este amor "Dios lo ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado". (Rom 5,5).
Mediante el Bautismo se nos da la gracia del nuevo nacimiento en Dios Padre por medio de su Hijo en el Espíritu Santo.

El Paráclito. Palabra del griego "parakletos", que literalmente significa "aquel que es invocado", es por tanto el abogado, el mediador, el defensor, el consolador. Jesús nos presenta al Espíritu Santo diciendo: "El Padre os dará otro Paráclito" (Jn 14,16). El abogado defensor es aquel que, poniéndose de parte de los que son culpables debido a sus pecados, los defiende del castigo merecido, los salva del peligro de perder la vida y la salvación eterna.

Espíritu de la Verdad: Jesús afirma de sí mismo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Jn 14,6). Y al prometer al Espíritu Santo en aquel "discurso de despedida" con sus apóstoles en la Última Cena, dice que será quien después de su partida, mantendrá entre los discípulos la misma verdad que Él ha anunciado y revelado.

Símbolos
Al Espíritu Santo se le representa de diferentes formas:

Agua: El simbolismo del agua es significativo de la acción del Espíritu Santo en el Bautismo, ya que el agua se convierte en el signo sacramental del nuevo nacimiento.

Unción: Simboliza la fuerza. La unción con el óleo es sinónima del Espíritu Santo. En el sacramento de la Confirmación se unge al confirmado para prepararlo a ser testigo de Cristo.

Fuego: Simboliza la energía transformadora de los actos del Espíritu.
Nube y luz: Símbolos inseparables en las manifestaciones del Espíritu Santo. Así desciende sobre la Virgen María para "cubrirla con su sombra". En el Monte Tabor, en la Transfiguración, el día de la Ascensión; aparece una sombra y una nube.
Sello: Es un símbolo cercano al de la unción. Indica el carácter indeleble de la unción del Espíritu en los sacramentos y hablan de la consagración del cristiano.

La Mano: Mediante la imposición de manos los Apóstoles y ahora los Obispos, trasmiten el "don del Espíritu".

La Paloma: En el Bautismo de Jesús, el Espíritu Santo aparece en forma de paloma y se posa sobre Él.


Los 7 dones del Espíritu Santo

Sabiduría: Es el don de entender lo que favorece y lo que perjudica el proyecto de Dios. Lo que tengáis que hablar se os comunicará en aquel momento. Porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino el Espíritu de vuestro Padre el que hablará en vosotros” (Mt 10, 19-20).

Entendimiento: Es el don divino que nos ilumina para aceptar las verdades reveladas por Dios. El Señor dijo: “Les daré corazón para conocerme, pues yo soy Yahveh” (Jer 24,7).

Consejo: Es la luz que el Espíritu nos da para distinguir lo correcto e incorrecto, lo verdadero y falso. Sobre Jesús reposó el Espíritu Santo, y le dio en plenitud ese don (Is 11, 3-4).

Ciencia: Es el don de la ciencia de Dios y no la del mundo. Por este don el Espíritu Santo nos revela interiormente el pensamiento de Dios sobre nosotros, pues “nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Co 2, 11).

Piedad: Es el don que el Espíritu Santo nos da para estar siempre abiertos a la voluntad de Dios, buscando siempre actuar como Jesús actuaría. (1Co 12, 1-3).

Fortaleza: Este es el don que nos vuelve valientes para enfrentar las dificultades del día a día de la vida cristiana. Vuelve fuerte y heroica la fe. Recordemos el valor de los mártires. Nos da perseverancia y firmeza en las decisiones. Mantente fiel hasta la muerte y te daré la corona de la vida” (Ap 2,10).

Temor de Dios: Este don nos mantiene en el debido respeto frente a Dios y en la sumisión a su voluntad, apartándonos de todo lo que le pueda desagradar. Por eso, Jesús siempre tuvo cuidado en hacer en todo la voluntad del Padre, como Isaías había profetizado: “Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh” (Is 11,2).

1.    ¿Cómo define el Catecismo de la Iglesia católica al Espíritu Santo?
2.    ¿Qué quiere decir que el Espíritu Santo es el Paráclito?
3.    ¿A qué se refiere la expresión: Espíritu de la Verdad?
4.    Defines cada una de la forma como se representa al Espíritu santo
5.    Defines cada una de los Dones del  Espíritu santo
6.    ¿De qué manera podemos asumir en nuestras vidas la presencia del Espíritu santo? 


miércoles, 21 de junio de 2017

LA TAU FRANCISCANA

La Tau «T» es la última letra del alfabeto hebreo. Decimonona letra del alfabeto griego, que corresponde a la que en el nuestro se llama «te». Pero es también una señal o signo, todo un símbolo.
Ezequiel 9,3-6: «Yahvéh llamó entonces al hombre vestido de lino que tenía la cartera de escribano a la cintura, y le dijo: "Recorre la ciudad, Jerusalén, y marca una tau en la frente de los hombres que gimen y lloran por todas las abominaciones que se cometen en ella". Y a los otros oí que les dijo: "Recorred la ciudad detrás de él y herid. No tengáis piedad, no perdonéis; matad a viejos, jóvenes, doncellas, niños y mujeres hasta que no quede uno. Pero no toquéis a quien lleve la tau en la frente. Empezad por mi santuario"».

Apocalipsis 7,2-4: «Luego vi a otro ángel que subía del Oriente y tenía el sello de Dios vivo; y gritó con fuerte voz a los cuatro ángeles a quienes se había encomendado causar daño a la tierra y al mar: "No causéis daño ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que marquemos con el sello la frente de los siervos de nuestro Dios". Y oí el número de los marcados con el sello: 144.000 sellados, de todas las tribus de los hijos de Israel» Y he aquí que seis hombres llegaron con sendos azotes en sus manos. Entre ellos estaba un varón vestido de lino, y díjole Yahvéh: "Recorre Jerusalén, y señala con una TAU las frentes de los justos que se encuentren en ella". y exterminad sin piedad a cuantos encontréis; mas no toquéis a ninguno que esté señalado con la TAU".

Inocencio III en el Concilio IV de Letrán el año 1215: Después de describir la triste situación de los Santos Lugares invadidos  por los Sarracenos, el Pontífice lamentó los escándalos que desacreditaban el rebaño de Cristo y lo amenazó con los divinos castigos si no se enmendaba. Evocó la famosa visión de Ezequiel, cuando Yahvéh, agotada la paciencia, exclama con voz poderosa"Recorred la ciudad tras él, y exterminad sin piedad a cuantos encontréis; mas no toquéis a ninguno que esté señalado con la TAU". "¿Quiénes son -continuó el Papa- los seis varones encargados de la venganza divina? Ésos sois vosotros, Padres conciliares, que, valiéndoos de todas las armas que tenéis a mano: excomuniones, destituciones, suspensiones y entredichos, habéis de castigar implacablemente a cuantos no estén señalados con la TAU propiciatoria y se obstinen en deshonrar la Cristiandad».- «En su discurso de Letrán, Inocencio III había señalado con el signo Tau a tres clases de predestinados: los que se alistaren en la cruzada; aquéllos que, impedidos de cruzarse, lucharen contra la herejía; finalmente, los pecadores que de veras se empeñaren en reformar su vida»

San Francisco profesaba una profunda devoción al signo Tau, del que habla expresamente el profeta Ezequiel (9,3-6) y al que se refiere implícitamente el Apocalipsis (7,2-4). Con ella firmaba cartas y marcaba paredes, y sanaba heridas y enfermedades. En el ánimo de Francisco pudieron influir el discurso con que Inocencio III abrió el Concilio IV de Letrán, la cruz en forma de tau que llevaban los monjes antonianos sobre el escapulario. Para el Santo, la Tau, como la cruz cristiana, era signo de conversión y de penitencia, de elección y de protección por parte de Dios, de redención y de salvación en Cristo.

En un  pergamino que San Francisco le regaló a fray León, está escrito en el reverso: «El Señor te bendiga y te guarde; te muestre su faz y tenga misericordia de ti. Vuelva su rostro a ti y te dé la paz. El Señor te bendiga, fray León». Debajo de esta bendición  fray León añadió: «El bienaventurado Francisco escribió de su propia mano esta bendición a mí, fray León». Y más abajo añade: «De manera semejante hizo de su propia mano este signo Tau.

Tal como fray León interpretó el dibujo de debajo de la bendición, las palabras y los hechos de Francisco fueron para él un signo de consuelo. Y lo son también para nosotros. Aunque no llevemos grabadas visiblemente las llagas del Crucificado, como Francisco, sí las llevamos internamente. A todo aquel que se deja herir en nombre de Cristo y carga con su cruz, Francisco le dice lo mismo que le dijo a fray León: «También tú estás marcado con la cruz de Cristo y, por tanto, bendecido. Eres propiedad de Dios y estás bajo su protección».

Así, todos los que procuran seguir a Cristo en las dificultades de la vida, pueden percibir cómo la bendición de san Francisco va también dirigida a ellos y cómo los marca con la tau. Y cada uno y cada una puede considerar: «Esta tau es la cruz, el signo de Jesucristo, el Cordero sacrificado. Mediante su cruz he sido salvado también yo. Puedo contarme entre los que han sido marcados con ella...» (H. Holtz).

lunes, 1 de mayo de 2017

ADOLESCENCIA Y JUVENTUD DE SAN FRANCISCO Y SANTA CLARA

La profunda amistad existente entre Francisco y Clara es lo que se podría llamar relación equilibrada entre dos personas de distinto sexo. Los estudiosos del franciscanismo están de acuerdo en considerar a Clara como la "expresión femenina" del franciscanismo, "imagen femenina del ideal franciscano", "versión femenina de la vida según el Santo Evangelio", "expresión de Francisco en su rostro femenino". De hecho, Francisco y Clara son como las dos caras de la
misma moneda que, de manera perfectamente equilibrada, nos presentan el modo  masculino y el modo femenino de vivir el Evangelio, modos diferentes, pero con el mismo amor, con la misma pasión, con la misma intensidad, con la misma radicalidad. Exactamente en esto consiste el equilibrio de la amistad de estas dos personas: ellas eran caras de una misma moneda, eran respectivamente expresiones masculina y femenina del mismo Evangelio. El punto de equilibrio no estaba situado en uno de los dos, sino en el Evangelio, realidad superior que atraía a ambos. No era uno el que atraía al otro, sino, al decir de la Leyenda de Santa Clara, "el Padre de los Espíritus atraía a ambos, aunque de modos  diferentes".
Francisco amaba a Clara y viceversa. Se amaban con ternura, llenos de cuidados
el uno para el otro. Pero este amor mutuo era superado por el amor de ambos por Dios, por Jesucristo, por el Reino. Este es el secreto de la relación casta y equilibrada de Francisco con Clara. Un cierto romanticismo decadente origina leyendas que no tienen ninguna base en las fuentes, y son fruto únicamente de la fantasía, que sólo sirven para lisonjear a los corazones vacíos. Este modo de ver la relación de los dos santos no tiene para nada en cuenta a las Fuente s. Estas son clarísimas mostrando que Francisco quiso conquistar a Clara no para sí, sino para Cristo: "Es grande el deseo de Francisco de encontrar a  Clara y de hablar con ella para ver si, de algún modo, le fuera permitido arrebatar al mundo perverso esa noble presa y entregársela a su Señor". El propio Francisco, en sus coloquios con Clara, le habla en términos de nupcias con Cristo: "El destila en sus oídos la dulzura de las nupcias con Cristo, convenciéndola de guardar la perla de la castidad virginal para aquel santo Esposo, que por amor se hizo hombre". Y el deseo de Clara era exactamente "hacer de su cuerpo un templo sólo para Dios y merecer, con la práctica de las virtudes, las nupcias con el Gran Rey". Y cuando Francisco le cortó la cabellera y la vistió con el hábito de la penitencia "Clara se convirtió en esposa de Cristo". Por tratarse de alguien que quería desposar a Cristo, Francisco la trataba con la máxima discreción. Así, la Leyenda de Santa Clara habla de encuentros entre los dos: "El la visita, y ella lo visita más frecuentemente, regulando la frecuencia de  los encuentros de manera que aquella atracción divina no fuese percibida por ninguna persona y que no surgieran murmuraciones públicas que la mancillaran". La discreción hacía que tanto Francisco como Clara llevasen a otra persona como acompañante. Exactamente esa misma discreción y reverencia llevó más tarde a
Francisco a prohibir la entrada de hermanos en los monasterios de clarisas, con el fin de que no fuera manchada, con habladurías maliciosas, la relación de los
hermanos con las Damas Pobres. Esta reverencia de Francisco se trasluce en los
escritos que dejó a Clara y sus hermanas. En la Última Voluntad escrita a Clara
llama a las Damas Pobres "señoras mías". Este título era usado por los juglares y
caballeros cuando se dirigían a las jóvenes y damas. Si Francisco tenía hacia Clara una reverencia propia de un caballero ante la esposa de Cristo, Clara, a su vez, profesaba a Francisco un amor filial. Al  comienzo, ella lo escuchó como guía, confiándose enteramente a él, y, a partir de aquel momento, "su alma quedó toda ligada a sus santos consejos y acogía con corazón ardiente lo que le enseñaba en relación con el buen Jesús". Después pasó a tener un amor filial hacia él. De hecho, como dice G. Mancini, "Clara era la mujer nacida del alma de Francisco, la otra mujer que se convirtió en su hija... de ahí el hecho de que ella se sintiera la plantita de Francisco". Es Clara quien se llama a sí misma " la plantita de san Francisco". A partir de está autodenominación de Clara, ese título aparece también en otras Fuentes. Ese título tiene su origen en la terminología bíblica. Dios es comparado con un agricultor que planta con amor una viña y cuida de ella con cariño. En el lenguaje bíblico hay toda una relación afectiva que liga al agricultor a su planta. Así Clara siente el cuidado y el afecto que Francisco tenía por ella. Por eso, Clara llama a Francisco no sólo su fundador, sino también plantador de la Segunda Orden. En los escritos de santa Clara se patentiza su relación filial con san Francisco. Se refiere a él casi siempre con el apelativo "nuestro padre Francisco". En ningún lugar de sus escritos lo llama hermano. Este lenguaje traduce, pues, la relación y el tipo de afecto que ligaba a Clara con Francisco. No sólo el lenguaje de las palabras muestra esta relación. También el lenguaje de los sueños, que deja fluir los símbolos del inconsciente hacia el consciente, presenta a Clara lo que significa la realidad Francisco. Como cuenta un testimonio del Proceso de Canonización (lll, 29), Clara soñó que Francisco la amamantaba a su pecho. Dar el pecho es el símbolo del amor que nutre, que sustenta y da vida, que da de su propia vida. Así Clara veía a Francisco: un jardinero que tenía para su plantita no sólo sentimientos de padre, sino también cuidados de madre.
Reflexión:
1. Elabora una descripción de cómo te relacionas con los demás
2. ¿Porque los cambios del adolescente influye en la familia?
Mensaje Bíblico:
San Juan 15: 9-17    (Yo soy la vid: produzcan frutos en mí)

1 Corintios 13 (Nada más perfecto que el amor)

II. FRANCISCO RENUNCIA AL PROYECTO DE SUS PADRES.

Cómo su madre lo liberó y cómo se despojó de sus vestidos ante el obispo de Asís. Sucedió, pues, que, teniendo su padre que ausentarse de casa por algún tiempo a causa de urgentes asuntos familiares y permaneciendo el varón de Dios encerrado en la cárcel de la casa, su madre, que había quedado sola con él, desaprobando el modo de proceder de su marido, habló con dulces palabras a su hijo. Intuyendo ella la imposibilidad de que éste desistiera de su propósito, conmovidas las entrañas maternales, rompió las ataduras y lo dejó libre par a marchar. El, dando gracias a Dios
todopoderoso, volvió al instante al lugar donde había permanecido anteriormente. Muévese ahora con mayor libertad probado en la escuela de la tentación; con los muchos combates ha adquirido un aspecto más alegre; las injurias han fortalecido su ánimo; y, caminando libre por todas partes, procede con más magnanimidad.
En el ínterin retorna el padre, y, no encontrándolo, se desahoga en insultos contra su mujer, sumando pecados sobre pecados. Bramando con gran alboroto, corre inmediatamente al lugar con el propósito, si no le es posible reducirlo, de ahuyentarlo, al menos, de la provincia. Mas como el temor del Señor es la confianza del fuerte, apenas el hijo de la gracia se apercibió de que su padre según la carne venía en su busca, decidido y alegre se presentó ante él y con voz de hombre libre le manifestó que ni cadenas ni azotes le asustaban lo más mínimo. Y que, si esto le parecía poco, le
aseguraba estar dispuesto a sufrir gozoso, por el nombre de Cristo, toda clase de males.
Ante tal resolución, convencido el padre de que no podía disuadir al hijo del camino comenzado, pone toda su alma en arrancarle el dinero. El varón de Dios deseaba emplearlo todo en ayuda de los  pobres y en restaurar la capilla; pero, como no amaba el dinero, no sufrió engaño alguno bajo apariencia de bien, y quien no se sentía atado por él, no se turbó lo más mínimo al perderlo. Por esto, habiéndose ya encontrado el dinero que el gran despreciador de las cosas terrenas y ávido buscador de las riquezas celestiales había arrojado entre el polvo de la ventana, se apaciguó un tanto el furor del padre y se mitigó algo la sed de su avaricia con el vaho del hallazgo. Después de todo esto, el padre lo emplazó a comparecer ante el obispo de la ciudad, para que, renunciando en sus manos a todos los bienes, le entregara cuanto poseía. A nada de esto se opuso; al contrario, gozoso en extremo, se dio prisa con toda su alma para hacer cuanto se le reclamaba. Una vez en la presencia del obispo, no sufre demora ni vacila por nada; más bien, sin esperar palabra ni decirla, inmediatamente, quitándose y tirando todos sus vestidos, se los restituye al padre. Ni siquiera retiene los calzones, quedando ante todos del todo desnudo. Percatándose el obispo de su espíritu y admirado de su fervor y constancia, se levantó al momento y, acogiéndolo entre sus brazos, lo cubrió con su propio manto. Comprendió claramente que se trataba de un designio divino y que los hechos del varón de Dios que habían presenciado sus ojos encerraban un misterio. Estas son las razones por que en adelante será su protector. Y, animándolo y confortándolo, lo abrazó con entrañas de caridad. He lo allí ya desnudo luchando con el desnudo; desechado cuanto es del mundo, sólo de la divina justicia se acuerda. Se esfuerza así por menospreciar su vida, abandonando todo cuidado de sí mismo, para que en este caminar peligroso se una a su pobreza la paz y sólo la envoltura de la carne lo tenga separado, entre tanto, de la visión divina.
1. ¿Por qué San Francisco renuncia a todo?
2. ¿Qué opinas de la decisión de San Francisco?
3.  Actualmente ¿Quiénes hacen algo similar a San Francisco?

4. Según esta frase: “no se turbó lo más mínimo al perder todo” ¿Cuánto nos turbamos cuando perdemos algo material? ¿Por qué?

San Francisco y Sta. Clara de Asís

STA. CLARA DE ASÌS
Clara nació en 1194, siendo bautizada en la catedral de San Rufino. De su madre, Clara aprendió los primeros rudimentos de la fe, la compasión por los pobres y el gusto por la vida de piedad y de oración. Muy pronto comenzó a privarse de alimentos para darlos a los pobres y, aunque lo hacía en forma oculta, la noticia de su bondad se extendió a todo el pueblo. Es difícil determinar la época del nacimiento de la vocación de Clara. Según su biógrafo, la vocación de Clara está ligada al hecho de "haber oído hablar a Francisco, ya famoso, que, como hombre nuevo, renovó el camino de la perfección, ya que ésta había desaparecido del mundo". En el domingo de Ramos de 1212, Clara fue a la Catedral para las ceremonias litúrgicas. Absorta en sus oraciones, no se dirigió al obispo para buscar su ramo. El obispo, entonces, descendió de las gradas del presbiterio y fue hasta Clara, depositando el ramo en sus manos. Aquella misma noche, de acuerdo a lo convenido con Francisco, Clara huyó de la casa, y dirigiéndose a la Porciúncula.

SAN FRANCISCO DE ASÍS
Nació en Asís (Italia), el año 1182. Después de una juventud disipada en diversiones, se convirtió, renunció a los bienes paternos y se entregó de lleno a Dios. Abrazó la pobreza y vivió una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios.


Su padre, Pedro Bernardone, era comerciante. El nombre de su madre era Pica y algunos autores afirman que pertenecía a una noble familia de la Provenza. Tanto  el padre como la madre de Francisco eran personas acomodadas. Pedro Bernardone comerciaba especialmente en Francia. Como se hallase en dicho país cuando nació su hijo, las gentes le apodaron "Francesco" (el francés), por más que en el bautismo recibió el nombre de Juan. En su juventud, Francisco era muy dado a las románticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores. Disponía de dinero en abundancia y lo gastaba pródigamente, con ostentación. Ni los negocios de su padre, ni los estudios le interesaban mucho, sino el divertirse  en cosas vanas que comúnmente se les llama "gozar de la vida". Sin embargo, no era de costumbres licenciosas y acostumbraba a ser muy generoso con los pobres que le pedían por amor de Dios.

sábado, 9 de abril de 2016

VISITA AL PAPA (6° EPM)

VISITA AL PAPA
La nueva orden fundada por Francisco en Rivotorto hay que entenderla a la luz de otros movimientos espirituales de su época. De hecho, en los primeros años tuvieron serias dificultades y fueron rechazados en muchas regiones porque, por muy fieles a la Iglesia católica que fueran, en el aspecto externo no se diferenciaban mucho de algunas sectas heréticas que pululaban en la Europa de los siglos XII y XIII. El papa Gregorio VII (1073-1085) había puesto en marcha un proceso de renovación en la Iglesia que no tardó en dar como fruto nuevas formas de vida monástica: san Bruno y los Cartujos (1084), san Bernardo y los Cistercienses (1112), san Norberto y los Canónigos Regulares (1124), y el nacimiento de las órdenes militares: Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (1050), Caballeros Templarios (1119), Caballeros Teutónicos (1187). Sin embargo, al comienzo del pontificado de Inocencio III (1198), culminación de la reforma gregoriana, el modelo monástico tradicional va dejando paso a nuevas formas de entender la vida religiosa, más acordes con los tiempos: los Trinitarios de san Juan de Mata, dedicados al rescate de esclavos y cautivos, y los Carmelitas de Bertoldo de Calabria, que ponen el acento en el voto de pobreza. La mayor novedad, sin embargo, fue la aparición en occidente de una nueva sensibilidad espiritual que nace del contacto con las nuevas culturas griega e islámica y se desarrolla al compás del paulatino crecimiento de las ciudades y de la burguesía. En ese ambiente, los ricos burgueses empiezan a descubrir el Evangelio y desean practicarlo imitando la vida de los apóstoles y de la primitiva comunidad de Jerusalén, centrando el interés en la pobreza, itinerancia, predicación y vida en común. La nueva espiritualidad lleva consigo, sin embargo, algunos peligros: contagio de viejas herejías que aún permanecían latentes en oriente y ponían en peligro el sólido edificio de la fe católica. El dualismo maniqueo -Dios crea las cosas espirituales, el demonio el mundo material- cristalizó en la secta de los cátaros, con una visión pesimista de la creación que se tradujo en el desprecio del cuerpo, de las cosas materiales, de los alimentos y de la sexualidad, incluso en el matrimonio. Por otro lado, un espíritu excesivamente crítico contra la institución de la Iglesia, juzgada erróneamente a la luz de esas ideas, llevó a los cátaros a rechazar algunos sacramentos, el culto a los santos, el purgatorio, etc., y a una oposición abierta al magisterio y ministerio de la Iglesia, con la excusa de la relajada vida de los eclesiásticos.

LOS FRAILES VAN A ROMA
Éramos ya un grupito. El pueblo, la gente de los alrededores, nos apreciaban. Es más, el mismo obispo Guido, a cuya disposición y obediencia siempre estuvimos, nos aconsejaba y nos estimaba. Desde el primer momento en que el Señor me regaló al hermano Bernardo y luego nos enriqueció con otros "dones" de hermanos, intentamos formar una familia. Tardamos un montón en encontrar el nombre apropiado para bautizar al grupo. A mí me decían que era de la familia de Pedro de Bernardone; a Bernardo, de la de Quintavalle...; pero lo que queríamos era dar un nombre propio a este nuevo nacimiento en la sociedad y en la Iglesia, a esta plantita que brotaba de nuestro querer seguir el santo evangelio y vivir juntos, como hermanos -en "fraternidad"-, el ideal evangélico, y ponernos al servicio del pueblo en la Iglesia y desde la Iglesia. Después de estrujar y dar muchas vueltas a la cabeza, de habernos bautizado con diversos nombres, al final decidimos llamarnos Hermanos Menores. Ésta fue la razón por la que nos encaminamos a Roma. Queríamos tener una entrevista con el Papa Inocencio III, es decir, queríamos una audiencia para conocer el parecer personal del Pontífice, pues ya conocíamos el del obispo de Asís.

ENCUENTRO CON EL PAPA
Con el obispo de Asís nos encontramos en Roma. Él había venido a sus asuntos, acaso problemas político-religiosos, pero quizá más políticos que religiosos. Nosotros veníamos, como digo, para pedir permiso al Papa para poder vivir esta "forma de vida" que habíamos elegido. No se lo habíamos comunicado al obispo Hugo. Cuando nos vio en Roma se entristeció mucho, pues pensaba que abandonábamos su diócesis para ir a otras; tal era la estima que nos tenía. Al tener conocimiento del porqué de nuestra estancia en la Ciudad Eterna, se alegró y nos ayudó cuanto pudo, particularmente a través de su amigo el cardenal Juan de San Pablo, benedictino, obispo de Ostia, un buen hombre, un hombre de Dios, pero no muy abierto a los movimientos de entonces, acaso por las tensiones y rupturas que muchos de ellos habían hecho con la sociedad y con la Iglesia. Cuando nos oyó y se informó de nuestro propósito, a pesar de que nos insistió una y mil veces en que optásemos por una de las formas de vida tradicionales dentro de la Iglesia, y ver nuestra y ver nuestra negativa y testarudez razonada, se hizo nuestro valedor ante Inocencio III. También al Papa le costó mucho aprobar nuestra forma de vida evangélica, y eso que había abierto las puertas a muchos movimientos heréticos, logrando vivir el evangelio en la unidad y en la caridad. No me reveló la visión que tuvo, y que cuenta Celano, cuando en sueños vio a un pobre hombre sosteniendo la basílica de San Juan de Letrán, que se venía al suelo, y que luego Giotto pintó en la basílica Superior de Asís, como ya lo hubiese hecho el maestro de san Francisco en la Inferior.
Inocencio III estudió nuestra propuesta, deliberó con los cardenales; había entre ellos muchos reacios, por lo que nos hizo esperar un buen tiempo, que lo pasamos asistiendo a los enfermos en el hospital de San Antonio, cerca de San Juan de Letrán, y desempeñando otros trabajos manuales para ganarnos el sustento; hasta que, llamados de nuevo a su presencia, nos aprobó nuestro "propósito de vida" oralmente, y nos prometió muchos más favores para más adelante si tenía buenas noticias acerca de nosotros.
Esto es lo que queríamos. No pretendíamos de Inocencio III más que el “visto bueno” en esta nuestra andadura, y con su bendición, en la Iglesia y desde la Iglesia vivir el Evangelio para servicio del pueblo de Dios.

Actividad: Responden a las preguntas en su cuaderno o carpeta
1.      ¿Por qué era necesario que Francisco vaya a Roma a ver al Papa?
2.     ¿Qué era la Regla de San Francisco?
3.     ¿Por qué el papa Inocencio III no quiso aprobar la Regla de San Francisco?
4.     ¿Qué fue lo que hizo cambiar al Para de parecer respecto a la Regla de san Francisco?
5.     ¿Cuál fue el sueño que tuvo el papa con relación a san Francisco?
6.     ¿Qué fue lo que pintó el famoso pintor Giotto con respecto a la Basílica de Letrán?

7.     Representa mediante un dibujo a san Francisco sosteniendo la Basílica de Letrán