sábado, 9 de abril de 2016

VISITA AL PAPA (6° EPM)

VISITA AL PAPA
La nueva orden fundada por Francisco en Rivotorto hay que entenderla a la luz de otros movimientos espirituales de su época. De hecho, en los primeros años tuvieron serias dificultades y fueron rechazados en muchas regiones porque, por muy fieles a la Iglesia católica que fueran, en el aspecto externo no se diferenciaban mucho de algunas sectas heréticas que pululaban en la Europa de los siglos XII y XIII. El papa Gregorio VII (1073-1085) había puesto en marcha un proceso de renovación en la Iglesia que no tardó en dar como fruto nuevas formas de vida monástica: san Bruno y los Cartujos (1084), san Bernardo y los Cistercienses (1112), san Norberto y los Canónigos Regulares (1124), y el nacimiento de las órdenes militares: Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (1050), Caballeros Templarios (1119), Caballeros Teutónicos (1187). Sin embargo, al comienzo del pontificado de Inocencio III (1198), culminación de la reforma gregoriana, el modelo monástico tradicional va dejando paso a nuevas formas de entender la vida religiosa, más acordes con los tiempos: los Trinitarios de san Juan de Mata, dedicados al rescate de esclavos y cautivos, y los Carmelitas de Bertoldo de Calabria, que ponen el acento en el voto de pobreza. La mayor novedad, sin embargo, fue la aparición en occidente de una nueva sensibilidad espiritual que nace del contacto con las nuevas culturas griega e islámica y se desarrolla al compás del paulatino crecimiento de las ciudades y de la burguesía. En ese ambiente, los ricos burgueses empiezan a descubrir el Evangelio y desean practicarlo imitando la vida de los apóstoles y de la primitiva comunidad de Jerusalén, centrando el interés en la pobreza, itinerancia, predicación y vida en común. La nueva espiritualidad lleva consigo, sin embargo, algunos peligros: contagio de viejas herejías que aún permanecían latentes en oriente y ponían en peligro el sólido edificio de la fe católica. El dualismo maniqueo -Dios crea las cosas espirituales, el demonio el mundo material- cristalizó en la secta de los cátaros, con una visión pesimista de la creación que se tradujo en el desprecio del cuerpo, de las cosas materiales, de los alimentos y de la sexualidad, incluso en el matrimonio. Por otro lado, un espíritu excesivamente crítico contra la institución de la Iglesia, juzgada erróneamente a la luz de esas ideas, llevó a los cátaros a rechazar algunos sacramentos, el culto a los santos, el purgatorio, etc., y a una oposición abierta al magisterio y ministerio de la Iglesia, con la excusa de la relajada vida de los eclesiásticos.

LOS FRAILES VAN A ROMA
Éramos ya un grupito. El pueblo, la gente de los alrededores, nos apreciaban. Es más, el mismo obispo Guido, a cuya disposición y obediencia siempre estuvimos, nos aconsejaba y nos estimaba. Desde el primer momento en que el Señor me regaló al hermano Bernardo y luego nos enriqueció con otros "dones" de hermanos, intentamos formar una familia. Tardamos un montón en encontrar el nombre apropiado para bautizar al grupo. A mí me decían que era de la familia de Pedro de Bernardone; a Bernardo, de la de Quintavalle...; pero lo que queríamos era dar un nombre propio a este nuevo nacimiento en la sociedad y en la Iglesia, a esta plantita que brotaba de nuestro querer seguir el santo evangelio y vivir juntos, como hermanos -en "fraternidad"-, el ideal evangélico, y ponernos al servicio del pueblo en la Iglesia y desde la Iglesia. Después de estrujar y dar muchas vueltas a la cabeza, de habernos bautizado con diversos nombres, al final decidimos llamarnos Hermanos Menores. Ésta fue la razón por la que nos encaminamos a Roma. Queríamos tener una entrevista con el Papa Inocencio III, es decir, queríamos una audiencia para conocer el parecer personal del Pontífice, pues ya conocíamos el del obispo de Asís.

ENCUENTRO CON EL PAPA
Con el obispo de Asís nos encontramos en Roma. Él había venido a sus asuntos, acaso problemas político-religiosos, pero quizá más políticos que religiosos. Nosotros veníamos, como digo, para pedir permiso al Papa para poder vivir esta "forma de vida" que habíamos elegido. No se lo habíamos comunicado al obispo Hugo. Cuando nos vio en Roma se entristeció mucho, pues pensaba que abandonábamos su diócesis para ir a otras; tal era la estima que nos tenía. Al tener conocimiento del porqué de nuestra estancia en la Ciudad Eterna, se alegró y nos ayudó cuanto pudo, particularmente a través de su amigo el cardenal Juan de San Pablo, benedictino, obispo de Ostia, un buen hombre, un hombre de Dios, pero no muy abierto a los movimientos de entonces, acaso por las tensiones y rupturas que muchos de ellos habían hecho con la sociedad y con la Iglesia. Cuando nos oyó y se informó de nuestro propósito, a pesar de que nos insistió una y mil veces en que optásemos por una de las formas de vida tradicionales dentro de la Iglesia, y ver nuestra y ver nuestra negativa y testarudez razonada, se hizo nuestro valedor ante Inocencio III. También al Papa le costó mucho aprobar nuestra forma de vida evangélica, y eso que había abierto las puertas a muchos movimientos heréticos, logrando vivir el evangelio en la unidad y en la caridad. No me reveló la visión que tuvo, y que cuenta Celano, cuando en sueños vio a un pobre hombre sosteniendo la basílica de San Juan de Letrán, que se venía al suelo, y que luego Giotto pintó en la basílica Superior de Asís, como ya lo hubiese hecho el maestro de san Francisco en la Inferior.
Inocencio III estudió nuestra propuesta, deliberó con los cardenales; había entre ellos muchos reacios, por lo que nos hizo esperar un buen tiempo, que lo pasamos asistiendo a los enfermos en el hospital de San Antonio, cerca de San Juan de Letrán, y desempeñando otros trabajos manuales para ganarnos el sustento; hasta que, llamados de nuevo a su presencia, nos aprobó nuestro "propósito de vida" oralmente, y nos prometió muchos más favores para más adelante si tenía buenas noticias acerca de nosotros.
Esto es lo que queríamos. No pretendíamos de Inocencio III más que el “visto bueno” en esta nuestra andadura, y con su bendición, en la Iglesia y desde la Iglesia vivir el Evangelio para servicio del pueblo de Dios.

Actividad: Responden a las preguntas en su cuaderno o carpeta
1.      ¿Por qué era necesario que Francisco vaya a Roma a ver al Papa?
2.     ¿Qué era la Regla de San Francisco?
3.     ¿Por qué el papa Inocencio III no quiso aprobar la Regla de San Francisco?
4.     ¿Qué fue lo que hizo cambiar al Para de parecer respecto a la Regla de san Francisco?
5.     ¿Cuál fue el sueño que tuvo el papa con relación a san Francisco?
6.     ¿Qué fue lo que pintó el famoso pintor Giotto con respecto a la Basílica de Letrán?

7.     Representa mediante un dibujo a san Francisco sosteniendo la Basílica de Letrán

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