domingo, 2 de noviembre de 2014

2°. Primeros seguidores de San Francisco y Santa Clara

LOS DISCÍPULOS DE FRANCISCO
Antes de profundizar esta lectura no olvides buscar en el diccionario las palabras desconocidas como: émulo, meliflua, iota.
Predicación del Evangelio y anuncio de la Paz y la conversión de los seis primeros hermanos Desde entonces comenzó a predicar a todos la penitencia con gran fervor de espíritu y gozo de su alma, edificando a los oyentes con palabra sencilla y corazón generoso. Su palabra era como fuego devorador, penetrante hasta lo más hondo del alma, y suscitaba la admiración en todos. Parecía totalmente otro de lo que había sido, y, contemplando el cielo, no se dignaba mirar a la tierra. Y cosa admirable en verdad: comenzó a predicar allí donde, siendo niño, aprendió a leer y donde primeramente fue enterrado con todo honor. De este modo, los venturosos comienzos quedaron avalados por un final, sin comparación, más venturoso. Donde aprendió, allí enseñó, y donde comenzó, allí felizmente terminó. En toda predicación que hacía, antes de proponer la palabra de Dios a los presentes, les deseaba la Paz, diciéndoles: "El Señor os dé la paz". Anunciaba devotísimamente y siempre esta Paz a hombres y mujeres, a los que encontraba y a quienes le buscaban. Debido a ello, muchos que rechazaban la Paz y la salvación, con la ayuda de Dios, abrazaron la Paz de todo corazón y se convirtieron en hijos de la Paz y en émulos de la salvación eterna. Entre éstos, un hombre de Asís, de espíritu piadoso y humilde, fue quien primero siguió devotamente al varón de Dios. A continuación abrazó esta misión de Paz y corrió gozosamente en pos del santo, para ganarse el reino de los cielos, el hermano Bernardo. Este había hospedado con frecuencia al bienaventurado Padre; habiendo observado y comprobado su vida y costumbres, reconfortado con el aroma de su santidad, concibió el temor de Dios y alumbró el espíritu de salvación. Lo había visto que, sin apenas dormir, estaba en oración durante toda la noche, alabando al Señor y a la gloriosísima virgen, su madre; y se admiraba y se decía: "En verdad, este hombre es de Dios". Diose prisa, por esto, en vender todos sus bienes, y distribuyó a manos llenas su precio entre los pobres, no entre sus parientes; y, abrazando la norma del camino más perfecto, puso en práctica el consejo del santo Evangelio: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo y ven y sígueme. Llevado a feliz término todo esto, se unió a San Francisco en su hábito y tenor de vida, y permaneció con él continuamente, hasta que, habiéndose multiplicado los hermanos, pasó con la obediencia del piadoso Padre, a otras regiones. Su conversión a Dios sirvió de modelo, para quienes habían de convertirse en el futuro, en cuando a la venta de los bienes y su distribución entre los pobres. San Francisco se gozó sobremanera con la llegada y conversión de hombre tan calificado, ya que esto le demostraba que el Señor tenía cuidado de él, pues le daba un compañero necesario y un amigo fiel. Inmediatamente le siguió otro ciudadano de Asís, digno de toda loa por su vida; comenzó santamente y en breve tiempo terminó más santamente. No mucho después siguió a éste el hermano Gil, varón sencillo y recto y temeroso de Dios, que a través de su larga vida, santa, justa y piadosamente vivida, nos dejó ejemplos de perfecta obediencia, de trabajo manual, de vida solitaria y de santa contemplación. A éstos se une otro. Viene luego el hermano Felipe, con el que suman ya siete; a éste el Señor tocó los labios con la piedra de la purificación para que dijese de El cosas dulces y melifluas; comprendía y comentaba las Sagradas Escrituras, sin que hubiera hecho estudios, como aquellos a quienes los príncipes de los judíos reprochaban de idiotas y sin letras.
El desprendimiento de bienes del hermano Bernardo
Un hombre de Asís llama do Bernardo, que después fue un hijo perfecto, al decidir despreciar del todo el siglo a imitación del varón de Dios, pide consejo a éste. En la consulta se expresó en estos términos: "Padre, si alguien hubiera poseído por largo tiempo bienes de un señor y no quisiera retenerlos ya más, ¿cuál sería el partido más perfecto que tomaría acerca de ellos?". El varón de Dios le respondió diciendo que el de devolverlos todos a su señor, de quien los había recibido. Y Bernardo: "Si quieres probar con los hechos lo que dices - concluyó el Santo -, entremos mañana de madrugada en la iglesia y pidamos consejo a Cristo, con el evangelio en las manos". Entran, pues, en la iglesia con el amanecer, y, previa devota oración, abren el libro del evangelio, decididos a cumplir el primer consejo que encuentran. Ellos abren el libro; Cristo, su consejo: Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes y dalo a los pobres. Hacen lo mismo por segunda vez, y tan con esto: No toméis nada para el camino. Lo repiten por tercera vez, y tan con esto otro: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo. Ninguna vacilación: Bernardo cumple todo al pie de la letra, sin dejar pasar ni una iota. Muy pronto son muchísimos los que se desprenden de los espinosos cuidados del mundo y vuelven, tomando a Francisco por guía, a la patria, al bien infinito. Sería largo decir cómo cada uno de ellos ha logrado el premio de la vocación divina.

1. ¿Cómo definirías la palabra desprendimiento después de leer esta lectura?
2. ¿Cuál es la relación que existe entre oración y desprendimiento?
3. ¿Cuál es la importancia de vender y no regalar tus bienes?
4. ¿Por qué crees que estos siete hermanos se convirtieron?
5. Lista los nombres de los siete hermanos convertidos y algunas de sus características:

6. Realiza un esquema de los pasos del desprendimiento:

CLARA Y SUS PRIMERAS SEGUIDORAS
Al iniciar esta lectura debes señalar las palabras nuevas y buscar su significado en el diccionario. Este es el lugar bendito y santo en el que felizmente inició la gloriosa religión y la eminentísima Orden de señoras pobres y santas vírgenes por obra del bienaventurado Francisco, unos seis años después de su conversión. Fue aquí donde la señora Clara, originaria de Asís, como piedra preciosísima y fortísima, se constituyó en fundamento de las restantes piedras superpuestas. Cuando, después de iniciada la Orden de los hermanos, ella, por los consejos del Santo, se convirtió al Señor, sirvió para el progreso de muchos y como ejemplo a incontables. Noble por la sangre, más noble por la gracia. Virgen en su carne, en su espíritu castísima. Joven por los años, madura en el alma. Firme en el propósito y ardentísima en deseos del divino amor. Adornada de sabiduría y singular en la humildad: Clara de nombre; más Clara por su vida; clarísima por su virtud. Sobre ella se levantó también el noble edificio de preciosísimas perlas, cuya alabanza no proviene de los hombres, sino de Dios, ya que ni la estrechez de nuestro entendimiento lo puede comprender ni podemos expresarlo en pocas palabras. Antes de nada y por encima de todo, resplandece en ellas la virtud de una mutua y continua caridad, que de tal modo coaduna las voluntades de todas, que, conviviendo cuarenta o cincuenta en un lugar, el mismo querer forma en ellas, tan diversas, una sola alma.
En segundo lugar, brilla en cada una la gema de la humildad, que tan bien les guarda los dones y bienes recibidos de lo alto, que se hacen merecedoras de las demás virtudes.
En tercer lugar, el lirio de la virginidad y de la castidad en tal forma derrama su fragancia sobre todas, que, olvidadas de todo pensamiento terreno, sólo anhelan meditar en las cosas celestiales; y de esta fragancia nace en sus corazones tan elevado amor del esposo eterno, que la plenitud de este sagrado afecto les hace olvidar toda costumbre de la vida pasada. En cuarto lugar, en tal grado se hallan todas investidas del título de la altísima pobreza, que apenas o nunca se avienen a satisfacer, en lo tocante a comida y vestido, lo que es de extrema necesidad. En quinto lugar, han conseguido la gracia especial de la mortificación y del silencio en tal grado, que no necesitan hacerse violencia para reprimir las inclinaciones de la carne ni para refrenar su lengua; algunas de ellas han llegado a perder la costumbre de conversar, hasta el extremo de que, cuando se ven precisadas a hablar, apenas si lo pueden hacer con corrección. En sexto lugar, en todo esto tienen tan maravillosamente adornadas de la virtud de la paciencia, que ninguna tribulación o molestia puede abatir su ánimo ni aun inmutarlo. Finalmente, en séptimo lugar, han merecido la más alta contemplación en tal grado, que en ella aprenden cuanto deben hacer u omitir, y se saben dichosas abstraídas en Dios, aplicadas noche y día a las divinas alabanzas y oraciones. Dígnese el Dios eterno conceder, por su Santa gracia, que tan santo principio concluya con un fin más santo. Por ahora será suficiente lo dicho sobre las vírgenes consagradas a Dios y sobre las devotas esclavas de Cristo, puesto que su maravillosa vida y gloriosa fundación, que recibieron del señor Papa Gregorio, a la sazón obispo ostiense, exigen una obra propia y tiempo disponible.

1. ¿Qué quiere decir la frase “felizmente inició la gloriosa religión”?
2. ¿Qué virtudes identificaban a Santa Clara de Asís?
3. Enumera las virtudes que tenían las damas pobres de Asís
4. ¿Por qué algunas religiosas habían perdido hasta la costumbre de conversar?
5. ¿Cuál de las virtudes que tenían las santas mujeres crees tú que podrías pedirle a Dios para ti? Y ¿Por qué?

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