domingo, 23 de marzo de 2014

Sexto EPM: "LOS PRIMEROS COMPAÑEROS DE SAN FRANCISCO"

Primeramente se ha de considerar que el glorioso messer San Francisco, en todos los hechos de su vida, fue conforme a Cristo bendito; porque lo mismo que Cristo en el comienzo de su predicación escogió doce apóstoles, llamándolos a despreciar todo lo que es del mundo y a seguirle en la pobreza y en las demás virtudes, así San Francisco, en el comienzo de la fundación de su Orden, escogió doce compañeros que abrazaron la altísima pobreza. Y lo mismo que uno de los doce apóstoles de Cristo, reprobado por Dios acabó por ahorcarse, así uno de los doce compañeros de San Francisco, llamado hermano Juan de Cappella, apostató y, por fin, se ahorcó. Lo cual sirve de grande ejemplo y es motivo de humildad y de temor para los elegidos, ya que pone de manifiesto que nadie puede estar seguro de perseverar hasta el fin en la gracia de Dios.
Y de la misma manera que aquellos santos apóstoles admiraron al mundo por su santidad y estuvieron llenos del Espíritu Santo, así también los santísimos compañeros de San Francisco fueron hombres de tan gran santidad, que desde el tiempo de los apóstoles no ha conocido el mundo otros tan admirables y tan santos. En efecto, alguno de ellos fue arrebatado hasta el tercer cielo, como San Pablo, y éste fue el hermano Gil; a otro, el hermano Felipe Longo, le fueron tocados los labios con una brasa, como al profeta Isaías; otro, el hermano Silvestre, hablaba con Dios como lo hace un amigo con su amigo, como lo hacía Moisés; otro volaba con la sutileza de su entendimiento hasta la luz de la sabiduría divina como el águila, o sea, Juan Evangelista, y éste fue el humildísimo hermano Bernardo, que explicaba con gran profundidad la Sagrada Escritura; otro fue santificado por Dios y canonizado en el cielo cuando aún vivía en la tierra, y éste fue el caballero de Asís hermano Rufino
Son once los compañeros de San Francisco que se le fueron juntando entre 1208 y 1209, antes de la aprobación pontificia de la «forma de vida»: Bernardo de Quintavalle, Pedro Cattani, Gil de Asís, Sabbatino, Morico, Juan de Cappella, Felipe Longo, Juan de San Costanzo, Bárbaro, Bernardo de Vigilanzio y Ángel Tancredi. El número de doce lo completaba Francisco, que nunca hubiera osado ocupar el lugar de Cristo entre sus «caballeros de la tabla redonda».

Actividad cognitiva:

Responder a las preguntas planteadas:
a) ¿A quién se le denomina “glorioso messer?
b) Nombra los hechos en la vida de San Francisco que se parecen a los de Jesucristo.
c) ¿Qué ocurrió con el hermano Juan de Cappela?
d) ¿Por qué razón fueron admirados por la gente los primeros hermanos de San Francisco?
e) En que se parece Fray Gil a San Pablo?
f) ¿Qué ocurrió con el hermano Felipe Longo?
g) ¿Qué fraile fue el mejor amigo de Dios?
h) ¡que de bueno tenía el humildísimo hermano Bernardo?
EL VALOR DE LA AMISTAD
La amistad, como el amor, necesita cuidados diarios y detalles. No olvidemos que, igual que toda planta, crece poco a poco, hasta convertirse en un gran árbol. Muchos jóvenes no se preocupan por mantener y cultivar una amistad porque viven el momento, sin preocuparse mucho por el futuro y creen que lo que tienen nunca acabará. Están solos, pues sólo se preocupan de sus propias necesidades aunque aparentemente están rodeados de "amigos". El egoísmo que nos aturde actualmente, impide descubrir a esas personas que valen la pena mantener como amigos. El destino de una persona, puede estar determinado en gran medida, por la amistad. Un joven puede comprometer o asegurar su porvenir según las amistades que mantenga o rechace. Por algo existe el dicho: "Los hombres son falsos, si conviven con mentirosos; ruines, si conviven con avaros; y vanidosos, si se relacionan con presumidos". De la misma manera, podemos afirmar que las personas son virtuosas, si conviven con aquellos que practican las virtudes. La verdadera amistad, por lo tanto, se contagia, se aprende y se debe enseñar con el ejemplo. Los amigos terminan por ser los "libros del corazón". Únicamente cosecharemos amistad, en la medida en que hayamos sembrado amor comprensión y sinceridad con nuestros semejantes. Sin olvidar que la prueba de fuego de una verdadera amistad pasa, necesariamente, por la soledad. El Papa Juan Pablo II nos dijo en sus diversos documentos que la amistad no es un interés particular, sino una donación de uno mismo, de tiempo, de disponibilidad, de generosidad, de caridad. Así, para mantener una amistad toda la vida, debemos cultivar las siguientes virtudes: * La sinceridad y la franqueza. El amigo es alguien en quien siempre se confía. La mentira y la traición acaban al instante con cualquier amistad, por firme que haya sido. * El respeto al amigo tal como es. Dejarle que tenga plena libertad de actuación y no pretender jamás adueñarse de su voluntad. Ninguna forma de amor respeta tanto la libertad del otro como la amistad. * La generosidad. Es una virtud que, en la amistad, se da en forma natural y espontánea. Esta generosidad entre amigos, compartiéndolo todo, exige una necesaria dosis de respeto y delicadeza mutua. * La aceptación de fallos, defectos y limitaciones, sabiendo disculpar de la misma forma que uno desearía ser perdonado y disculpado por el amigo. No ayuda a mantener una amistad el sermonear o exhibirse como un ejemplo a imitar. * La amistad es una forma de amor que exige reciprocidad y se construye de encuentros diferentes, que son momentos de felicidad y gran intensidad vital. En estos encuentros, los amigos se complementan mutuamente y ven la misma realidad, del mismo modo. * Para cultivar una verdadera amistad, hay que tomar en cuenta que elegimos por amigo a quien se comporta bien con nosotros, a quien a nuestro entender también los demás apreciarán como tal. Nosotros, al mismo tiempo, nos comportamos de una forma ejemplar con el amigo, si seguimos los consejos de Jesucristo. ¿Qué estás dispuesto a hacer por la otra persona? La amistad es sacrificio y abnegación porque cuando alguien es amigo, es capaz de hacer cualquier cosa para ayudar. Si a las tres de la mañana te avisan que tu mejor amigo sufrió un accidente, sin pensarlo dos veces, te levantarás e irás al hospital a acompañarle. Es un sacrificio: el salir de noche, dejar de descansar, pero como existe una verdadera amistad, ni te cuestionas el esfuerzo. Cristo, el mejor modelo de amigo Si uno busca el amigo perfecto, se quedará sin amigos porque ni siquiera nosotros somos personas perfectas. No se puede ser perfeccionista cuando se quiere hacer amigos. Tomado de KOINONIA 1999

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