domingo, 16 de marzo de 2014

Primero ESM: CONTEXTO HISTÓRICO QUE RODEO A SAN FRANCISCO Y SANTA CLARA

CONTEXTO HISTÓRICO QUE RODEO A SAN FRANCISCO Y SANTA
CLARA
En el siglo XII se concretaron cambios fundamentales en la sociedad de la época: el comienzo de las Cruzadas, el incremento demográfico y la afluencia del oro, entre otros motivos, influyeron en el incremento del comercio y el desarrollo de las ciudades. La economía seguía teniendo su base fundamental en el campo dominado por el modo de producción feudal, pero los excedentes de su producción se canalizaban con mayor dinamismo que en la Alta Edad Media. Aunque todavía no se estaba produciendo una clara transición del feudalismo al capitalismo y los estamentos privilegiados (nobleza y clero) seguían siendo los dominantes, como lo fueron hasta la Edad Contemporánea, los burgueses (artesanos, mercaderes, profesionales liberales y hombres de negocios) comenzaban a tener posibilidades de ascenso social. La Iglesia, protagonista de ese tiempo, también se vio influenciada: no eran pocas las críticas a algunos de sus ministros que se preocupaban más por el crecimiento patrimonial y sus relaciones políticas de conveniencia. Debido a ello, diversos movimientos religiosos surgieron en rechazo al estado de la iglesia en esa época o se dedicaron a vivir más de acuerdo a los postulados de una vida pobre y evangélica. Algunos de ellos crecieron afuera de la institución y vivieron a su manera; éstas fueron rechazadas hasta el punto de considerarlas herejes. Los Cátaros, por ejemplo, predicaban entre otras cosas el rechazo a los sacramentos, las imágenes y la cruz. Otras organizaciones como la creada por Francisco de Asís, por el contrario, nacieron bajo sumisión a la autoridad católica.

SANTA CLARA DE ASÍS
Clara nació en 1194, siendo bautizada en la catedral de San Rufino, allí donde Francisco recibió el nombre de Juan. De su madre, Clara aprendió los primeros rudimentos de la fe, la compasión por los pobres y el gusto por la vida de piedad y de oración. Muy pronto comenzó a privarse de alimentos para darlos a los pobres y, aunque lo hacía en forma oculta, la noticia de su bondad se extendió a todo el pueblo. Es difícil determinar la época del nacimiento de la vocación de Clara. Según su biógrafo, la vocación de Clara está ligada al hecho de "haber oído hablar a Francisco, ya famoso, que, como hombre nuevo, renovó el camino de la perfección, ya que ésta había desaparecido del mundo". En el domingo de Ramos de 1212, Clara fue a la Catedral para las ceremonias litúrgicas. Absorta en sus oraciones, no se dirigió al obispo para buscar su ramo. El obispo, entonces, descendió de las gradas del presbiterio y fue hasta Clara, depositando el ramo en sus manos. Aquella misma noche, de acuerdo a lo convenido con Francisco, Clara huyó de la casa, y dirigiéndose a la Porciúncula, deja que le cortaran el cabello, como signo de la vida de penitencia que comenzaba. A partir de ese momento, Clara fue conducida enseguida al monasterio de San Pablo, situado en las proximidades de la actual Bastia, donde permaneció por algunos días. Ahí tuvo que enfrentar a los parientes que querían llevarla de vuelta a su casa. Después de lo cual fue llevada a otro monasterio benedictino, San Ángel de Panzo. Dieciséis días después de su fuga a este monasterio, recibió a su hermana Inés. La furia de los parientes se dirigió ahora, también en vano, contra Inés. La permanencia en ese lugar fue igualmente corta. De ahí Clara se trasladó a San Damián, donde permanecería hasta el fin de su vida. Durante los tres primeros años en San Damián, Clara vivió bajo la directa dependencia de Francisco. El Concilio IV de Letrán (1215) prohibió por decreto la fundación de nuevas órdenes. Cualquier nueva fundación debería vivir según alguna Regla ya existente, o de san Benito o de san Agustín. Así, pues, Clara debía adoptar la Regla benedictina como base canónica. Como la vocación de Clara era vivir el Evangelio a la manera de san Francisco y no a la manera de san Benito, ella consiguió del Papa Inocencio III, en 1216, el privilegio de la pobreza; esto es, no obstante aceptar la estructura benedictina, podía vivir la pobreza absoluta sin -posesiones ni rentas.

SAN FRANCISCO DE ASÍS
Nació en Asís (Italia), el año 1182. Después de una juventud disipada en diversiones, se convirtió, renunció a los bienes paternos y se entregó de lleno a Dios. Abrazó la pobreza y vivió una vida evangélica, predicando a todos el amor de Dios. Dio a sus seguidores unas sabias normas, que luego fueron aprobadas por la Santa Sede. Inició también una Orden de religiosas y un grupo de penitentes que vivían en el mundo, así como la predicación entre los infieles. Murió el año 1226. Ciertamente no existe ningún santo que sea tan popular como él tanto entre católicos como entre los protestantes y aun entre los no cristianos. San Francisco de Asís cautivó la imaginación de sus contemporáneos presentándoles la pobreza, la castidad y la obediencia con la pureza y fuerza de un testimonio radical. Llegó a ser conocido como el Pobre de Asís por su matrimonio con la Pobreza, su amor por los pajarillos y toda la naturaleza. Todo ello refleja un alma en la que Dios lo era todo sin división, un alma que se nutría de las verdades de la fe católica y que se había entregado enteramente, no sólo a Cristo, sino a Cristo crucificado. Su padre, Pedro Bernardone, era comerciante. El nombre de su madre era Pica y algunos autores afirman que pertenecía a una noble familia de la Provenza. Tanto el padre como la madre de Francisco eran personas acomodadas. Pedro Bernardone comerciaba especialmente en Francia. Como se hallase en dicho país cuando nació su hijo, las gentes le apodaron "Francesco" (el francés), por más que en el bautismo recibió el nombre de Juan. En su juventud, Francisco era muy dado a las románticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores. Disponía de dinero en abundancia y lo gastaba pródigamente, con ostentación. Ni los negocios de su padre, ni los estudios le interesaban mucho, sino el divertirse en cosas vanas que comúnmente se les llama "gozar de la vida". Sin embargo, no era de costumbres licenciosas y acostumbraba a ser muy generoso con los pobres que le pedían por amor de Dios.

Reflexión: Actitud de desprendimiento y seguimiento a Cristo.
¿Qué piensas de la actitud de Clara?
¿Cómo era la amistad de San Francisco y Clara?
¿En qué se parece la época en que vivían San Francisco y Clara con nuestra comunidad?

Mensaje Bíblico: Mc 10,21-22 (El joven rico)
ORACIÓN: Padre nuestro
Canto o dinámica:
LA PAZ (Huayno)
Escucha Padre a tu pueblo, que te canta hoy,
Escucha que te imploramos, por la salvación (2)
Que hay entre los hombres, paz, amor y fé;
Que cesen las guerras, el odio y la maldad (2)
Unidos todos cantemos, ¡Viva el Señor!
Unidos todos cantemos, ¡Queremos la Paz!
Queremos la paz hermanos, que remos la Paz (2)

Actividades:

Elabora un papelote con ilustraciones que revelen las semejanzas entre el modo de vida que eligieron San Francisco y Clara y la que asumió Cristo. «El hombre de hoy necesita la fe, la esperanza y la caridad de Francisco; necesita la alegría de brota de la pobreza de espíritu, esto es, de una libertad interior».- Juan Pablo II, 11-II-03

LA FAMILIA DE SAN FRANCISCO Y SANTA CLARA
FAMILIA DE SAN FRANCISCO Y DE SANTA CLARA

Francisco nació en Asís, ciudad de Umbría, en el año 1182. Su padre, Pedro Bernardone, era comerciante. El nombre de su madre era Pica y algunos autores afirman que pertenecía a una noble familia de la Provenza. Tanto el padre como la
madre de Francisco eran personas acomodadas. Pedro Bernardone comerciaba especialmente en Francia. Como se hallase en dicho país cuando nació su hijo, las gentes le apodaron "Francesco" (el francés), por más que en el bautismo recibió el nombre de Juan. En su juventud, Francisco era muy dado a las románticas tradiciones caballerescas que propagaban los trovadores. Disponía de dinero en abundancia y lo gastaba pródigamente, con ostentación. Ni los negocios de su padre, ni los estudios le interesaban mucho, sino el divertirse en cosas vanas que comúnmente se les llama "gozar de la vida". Sin embargo, no era de costumbres licenciosas y acostumbraba a ser muy generoso con los pobres que le pedían por amor de Dios. Clara Favarone, de noble familia asisiense, oyó desde su primera juventud la voz de Dios que la llamaba por medio de la palabra desbordante de amor y celo de las almas de su joven conciudadano S. Francisco de Asís. Con intuición femenina, afinada por la gracia y la fragante inocencia de su alma, adivinó los quilates del espíritu de aquel predicador, incomprendido si es que no despreciado por sus paisanos, que había abandonado los senderos de la gloria humana y buscaba la divina con todos los bríos de su corazón generoso. Y se puso bajo su dirección. Los coloquios con el maestro florecieron en una decisión que pasma por la seguridad y firmeza con que la llevó a la realidad. Renunciando a los ventajosos partidos matrimoniales que le salían al paso y al brillante porvenir que el mundo le brindaba, huyó de la casa paterna en la noche del Domingo de Ramos de 1211.
Ante el altar de la iglesita de Santa María de los Ángeles, cuna de la Orden franciscana, Clara ofrendó a Dios la belleza de sus dieciocho años, rodeada de San Francisco y sus primeros compañeros. Se vistió de ruda túnica, abrazóse a dama Pobreza, de la que a imitación de su padre y maestro haría su amiga inseparable, y se dedicó a la penitencia y al sacrificio. Su tesón santo llegó a triunfar de los escrúpulos de la curia y del Papa, que finalmente confirmó dos días antes de que la Santa muriera, la regla para su Orden, en que se profesa la altísima pobreza que ella había aprendido del padre San Francisco.
El bello gesto de Clara a los dieciocho años repicó en el pecho de la juventud femenina de Asís con sones de alborada invitadora a seguir las huellas de Jesucristo pobre. Primero su hermana Santa Inés, cuya entrada en religión a los pocos días de la salida de Clara provocó en la familia Favarone una tempestad más fiera aún, calmada milagrosamente, luego una multitud de doncellas de la nobleza y del pueblo, más adelante Beatriz, su hermana mayor, e incluso su propia madre, la noble matrona Ortolana, buscaron raudales de pureza, de luz y sacrificio en el convento de San Damián bajo la obediencia y maternal dirección de Clara, que aceptó el cargo de
abadesa obedeciendo al mandato de San Francisco.

Reflexión:
Reconstruir a la familia mediante reuniones y diálogo dirigido:
¿Cómo se siente cada uno con su familia?
¿Qué espera cada uno de su familia?
¿En qué falla cada uno en tu familia?
¿Qué puedo aportar yo a favor de mi familia?

Mensaje Bíblico: San Lucas 2:47-52 (Primera iniciativa del joven Jesús)

ORACIÓN: Oración ante el crucifijo de San Damián

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