lunes, 1 de mayo de 2017

ADOLESCENCIA Y JUVENTUD DE SAN FRANCISCO Y SANTA CLARA

La profunda amistad existente entre Francisco y Clara es lo que se podría llamar relación equilibrada entre dos personas de distinto sexo. Los estudiosos del franciscanismo están de acuerdo en considerar a Clara como la "expresión femenina" del franciscanismo, "imagen femenina del ideal franciscano", "versión femenina de la vida según el Santo Evangelio", "expresión de Francisco en su rostro femenino". De hecho, Francisco y Clara son como las dos caras de la
misma moneda que, de manera perfectamente equilibrada, nos presentan el modo  masculino y el modo femenino de vivir el Evangelio, modos diferentes, pero con el mismo amor, con la misma pasión, con la misma intensidad, con la misma radicalidad. Exactamente en esto consiste el equilibrio de la amistad de estas dos personas: ellas eran caras de una misma moneda, eran respectivamente expresiones masculina y femenina del mismo Evangelio. El punto de equilibrio no estaba situado en uno de los dos, sino en el Evangelio, realidad superior que atraía a ambos. No era uno el que atraía al otro, sino, al decir de la Leyenda de Santa Clara, "el Padre de los Espíritus atraía a ambos, aunque de modos  diferentes".
Francisco amaba a Clara y viceversa. Se amaban con ternura, llenos de cuidados
el uno para el otro. Pero este amor mutuo era superado por el amor de ambos por Dios, por Jesucristo, por el Reino. Este es el secreto de la relación casta y equilibrada de Francisco con Clara. Un cierto romanticismo decadente origina leyendas que no tienen ninguna base en las fuentes, y son fruto únicamente de la fantasía, que sólo sirven para lisonjear a los corazones vacíos. Este modo de ver la relación de los dos santos no tiene para nada en cuenta a las Fuente s. Estas son clarísimas mostrando que Francisco quiso conquistar a Clara no para sí, sino para Cristo: "Es grande el deseo de Francisco de encontrar a  Clara y de hablar con ella para ver si, de algún modo, le fuera permitido arrebatar al mundo perverso esa noble presa y entregársela a su Señor". El propio Francisco, en sus coloquios con Clara, le habla en términos de nupcias con Cristo: "El destila en sus oídos la dulzura de las nupcias con Cristo, convenciéndola de guardar la perla de la castidad virginal para aquel santo Esposo, que por amor se hizo hombre". Y el deseo de Clara era exactamente "hacer de su cuerpo un templo sólo para Dios y merecer, con la práctica de las virtudes, las nupcias con el Gran Rey". Y cuando Francisco le cortó la cabellera y la vistió con el hábito de la penitencia "Clara se convirtió en esposa de Cristo". Por tratarse de alguien que quería desposar a Cristo, Francisco la trataba con la máxima discreción. Así, la Leyenda de Santa Clara habla de encuentros entre los dos: "El la visita, y ella lo visita más frecuentemente, regulando la frecuencia de  los encuentros de manera que aquella atracción divina no fuese percibida por ninguna persona y que no surgieran murmuraciones públicas que la mancillaran". La discreción hacía que tanto Francisco como Clara llevasen a otra persona como acompañante. Exactamente esa misma discreción y reverencia llevó más tarde a
Francisco a prohibir la entrada de hermanos en los monasterios de clarisas, con el fin de que no fuera manchada, con habladurías maliciosas, la relación de los
hermanos con las Damas Pobres. Esta reverencia de Francisco se trasluce en los
escritos que dejó a Clara y sus hermanas. En la Última Voluntad escrita a Clara
llama a las Damas Pobres "señoras mías". Este título era usado por los juglares y
caballeros cuando se dirigían a las jóvenes y damas. Si Francisco tenía hacia Clara una reverencia propia de un caballero ante la esposa de Cristo, Clara, a su vez, profesaba a Francisco un amor filial. Al  comienzo, ella lo escuchó como guía, confiándose enteramente a él, y, a partir de aquel momento, "su alma quedó toda ligada a sus santos consejos y acogía con corazón ardiente lo que le enseñaba en relación con el buen Jesús". Después pasó a tener un amor filial hacia él. De hecho, como dice G. Mancini, "Clara era la mujer nacida del alma de Francisco, la otra mujer que se convirtió en su hija... de ahí el hecho de que ella se sintiera la plantita de Francisco". Es Clara quien se llama a sí misma " la plantita de san Francisco". A partir de está autodenominación de Clara, ese título aparece también en otras Fuentes. Ese título tiene su origen en la terminología bíblica. Dios es comparado con un agricultor que planta con amor una viña y cuida de ella con cariño. En el lenguaje bíblico hay toda una relación afectiva que liga al agricultor a su planta. Así Clara siente el cuidado y el afecto que Francisco tenía por ella. Por eso, Clara llama a Francisco no sólo su fundador, sino también plantador de la Segunda Orden. En los escritos de santa Clara se patentiza su relación filial con san Francisco. Se refiere a él casi siempre con el apelativo "nuestro padre Francisco". En ningún lugar de sus escritos lo llama hermano. Este lenguaje traduce, pues, la relación y el tipo de afecto que ligaba a Clara con Francisco. No sólo el lenguaje de las palabras muestra esta relación. También el lenguaje de los sueños, que deja fluir los símbolos del inconsciente hacia el consciente, presenta a Clara lo que significa la realidad Francisco. Como cuenta un testimonio del Proceso de Canonización (lll, 29), Clara soñó que Francisco la amamantaba a su pecho. Dar el pecho es el símbolo del amor que nutre, que sustenta y da vida, que da de su propia vida. Así Clara veía a Francisco: un jardinero que tenía para su plantita no sólo sentimientos de padre, sino también cuidados de madre.
Reflexión:
1. Elabora una descripción de cómo te relacionas con los demás
2. ¿Porque los cambios del adolescente influye en la familia?
Mensaje Bíblico:
San Juan 15: 9-17    (Yo soy la vid: produzcan frutos en mí)

1 Corintios 13 (Nada más perfecto que el amor)

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