miércoles, 28 de mayo de 2014

1° ESM “ORACIÓN DE SAN FRANCISCO ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN”

El proceso de conversión de San Francisco fue largo, y en él se inserta esta oración. El Señor lo iba conduciendo mediante acontecimientos sucesivos por caminos que Francisco no acababa de entender ni sabía a donde le llevaban. Su gran preocupación era conocer la voluntad de Dios, saber lo que el Altísimo le pedía, y acertar el rumbo que debía emprender, para lo que recurría a la oración. Un día en que paseaba junto a la iglesia de San Damián, llevado del Espíritu entró en ella y se puso a orar fervorosamente ante la imagen del Crucificado, que piadosa y benignamente le habló así: «Francisco, vete, repara mi casa, que, como ves, se viene del todo al suelo». La mayoría de los testimonios de los manuscritos dice que fue entonces cuando Francisco recitó esta oración como respuesta al mandato que acababa de recibir. Es sencilla y muy breve, recoge sus sentimientos más fuertes en aquella hora bendita. «La primera oración compuesta por Francisco que nosotros conocemos es una oración muy corta. Se remonta a su tiempo de búsqueda y de lucha (años 1205-1206). Se la ha llamado la “oración de la hora de la conversión”».  Así mismo en estas breves líneas pronunciamos su misma oración, a fin de poder ver al Señor como Francisco: en la fe de la Iglesia, estando siempre disponibles y confortados con su generosa prontitud ante la misión encomendada. Tenemos acceso a la formulación fidedigna de la oración. Está redactada en un italiano arcaico, incluso rudimentario. Para nosotros posee el inestimable valor de poder acceder a las palabras mismas de Francisco, tal como fueron dichas en su tenor original. Fue traducida muy pronto al latín, «a fin de que, con vistas a un mayor provecho, pudiera ser entendida en toda la tierra».  El contenido de la oración encaja perfectamente en las circunstancias del acontecimiento. Pero es de lo más normal que, en sus largas horas de oración buscando los caminos del Señor, el joven Francisco le pidiera que Su luz disipara sus tinieblas, y que las virtudes y los frutos del Espíritu le permitieran conocer y cumplir, sin demora ni tergiversación, la voluntad de Dios. Ciertamente, esta oración, en su densa brevedad, puede ser la oración de multitud de cristianos.

“ORACION ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIAN”
¡Sumo y glorioso Dios¡ ilumina las tinieblas de mi corazón. Y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sensatez y conocimiento, Señor, para que haga tu santo y veraz mandamiento. Amén.

ACTIVIDAD
Analiza, Reflexiona y Responde:
1. La presencia de Francisco en San Damián, responde a una exigencia dentro de su proceso vocacional:
  1. ¿Cuál era la gran preocupación de Francisco cuando llega a San Damián
  2. ¿Cuándo Francisco Recitó la Oración al Crucifijo de san Damián?
  3. A qué tiempo se remota la Oración al Crucifijo de san Damián?
  4. ¿Has sentido tú también dicha exigencia?
  5. ¿Cómo se ha manifestado?


Escribe la frase de la oración que más te agrade y explica ¿por qué?

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